Minería
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El de Linares es el primer monumento levantado en España en homenaje a los mineros.
Es desesperante comprobar cómo un monumento como el del Minero, que simboliza a la ciudad de Linares, está tan poco 'explicado', tan poco 'estudiado': los datos sobre él son escasos, fragmentarios. Pero el Monumento al Minero es importante artística y simbólicamente, no sólo para la ciudad de Linares y para las antiguas zonas mineras de Jaén: el monumento linarense fue ideado como un homenaje nacional a los mineros, y es la primera estatua levantada en España en honor de tan sacrificada profesión.
La historia minera de Linares es muy antigua, pero la explotación del subsuelo linarense comienza a 'racionalizarse' mediado el siglo XVIII y alcanza su apogeo a partir de 1868, cuando las inversiones de capital extranjero y la sistematización en la explotación convirtieron a Linares en líder mundial en extracción e importación de plomo, pero esto es historia para otro artículo. Esto supone un revulsivo para Linares, que pasa de ser un pueblo lánguido a convertirse en el centro económico de la provincia, hasta conformar una trilogía de modernidad, prosperidad y dinamismo aún hoy sigue vigente.
Eso no hubiese sido posible sin el ingente sacrificio de miles y miles de linarenses, hombres humildes, mal pagados, poco considerados, hombres honestos y trabajadores, luchadores que dejaron sus vidas en las minas, que morían jóvenes dejando viudas y huérfanos sometidos a la caridad de la Iglesia y los otros poderosos. En el año 1967 la minería linarense era algo casi residual: el empuje económico de la minería había dado paso a la pujante industria, de igual modo que después la industria daría paso al comercio, mostrándose así las virtudes de una sociedad como la linarense capaz de adaptarse a las necesidades de cada momento. Ese mismo año se cerraba el Pozo de San Vicente, y el último día de trabajo seis mineros perdieron la vida, alargando la nómina de héroes anónimos que con su silicosis y las lágrimas de sus hijos habían hecho de Linares una ciudad pujante, «que trabaja, estudia y vibra», al decir de Juan Pasquau.
EL MINERO DE VÍCTOR DE LOS RÍOS
Mala conciencia deberían tener las autoridades linarenses del trato dado a los mineros: en septiembre de 1967 cuaja la idea de levantar una estatua que homenajee no sólo a los mineros de Linares sino a los de toda España. El monumento, en realidad, era la plasmación de una etapa histórica que finalizaba, que se agotaba como los recursos minerales de la tierra. Se forma, como era de rigor, una 'comisión organizadora' del Monumento Nacional al Minero, que el día 15 de noviembre se reúne en el despacho del Alcalde. Allí se adopta el firme acuerdo de aceptar el boceto de monumento presentado por Víctor de los Ríos y se abre la suscripción popular para costear tan colosal empresa.
Víctor de los Ríos es uno de esos grandes escultores e imagineros del siglo XX, con un personalísimo lenguaje artístico, que permanecen casi olvidados por la crítica actual. Su obra en Linares era conocida y apreciada -había realizado, entre otras, la veneradísima imagen de Jesús Nazareno-, y por eso resultaba absolutamente natural que fuese él el encargado de plasmar en piedra el ideal minero que las autoridades linarenses tenían en mente. Víctor de los Ríos idealiza al minero en su escultura, realizada a lo largo del mítico 68: se trata de un tipo musculoso, de porte gallardo, con el torso desnudo y casco en la cabeza, que en una de sus manos sostiene la barrena con la que se perforan las paredes laminadas de las minas y en la otra la lámpara que lo alumbra en la oscura soledad de las galerías.
Una escultura cargada de expresividad, difícil de encuadrar en un discurso artístico pero próxima al lenguaje realista y propagandístico de las ideologías de masas del siglo XX, una escultura de grandes dimensiones realizada en caliza de Colmenar que condensa la visión heroica de unos trabajadores que en realidad no tuvieron más heroicidad que la de perder una guerra y sobrevivir con los pulmones enfermos, los que sobrevivieron. Por eso, cuando el monumento se inauguró en noviembre de 1974 -¿realmente se inauguró en esa fecha o fue en el otoño de 1968?: no hemos podido descifrar el enigma- los mineros linarenses no se vieron representados en él, porque ellos si sabían que era difícil mantener los músculos del pecho cuando los pulmones se podrían, que era imposible estar erguidos cuando los riñones no podían soportar las horas de encogimiento en el fondo de los pozos. Y así, el monumento 'Al minero español', según rezaba el pedestal, del que tan orgullosas estaban las autoridades franquistas -el propio Franco aceptó, en enero de 1968, la presidencia de honor del comité encargado del monumento- causó decepción entre los homenajeados y sus familias, en una de las muestras más claras y palmarias de la honda separación que se vivía entre 'el régimen' y las clases populares, entre el aparato franquista y la España de la calle.
EMBLEMA DE UNA CIUDAD
Este divorcio inicial entre promotores de la estatua y homenajeados por ella, provocó que la estatua viviera su travesía por el desierto cuando el país vuelve a disfrutar de un régimen de libertades y la estética de la democracia nueva casa poco con la virilidad del minero de Víctor de los Ríos. Pero el tiempo, que lo cura todo, hace que más de treinta años después de su inauguración, cuando la minería era ya un recuerdo -vivo y doloroso para muchas familias, pero recuerdo al fin y al cabo-, Linares vuelva sus ojos hacia el pese a todo espléndido monumento de Víctor de los Ríos, que bajo el brillante mandato del alcalde Juan Fernández se convierte en emblema y símbolo del 'pueblo andaluz y minero'.
Se decide entonces, finales de la década de los 90, trasladarlo de emplazamiento para situarlo en la puerta misma del centro comercial de Linares y la estatua se fractura, debiendo ser restaurada por Alfonso González Palau. En su nuevo emplazamiento luce sobre una roca casi bruta, imponente en el centro de una glorieta. En 1968 fue incapaz de representar aquello que se quería: todavía había vivos muchos mineros comidos por la enfermedad, todavía estaba fresco el sufrimiento provocado por ese trabajo casi animal. Treinta años después, cuando la minería era el recuerdo de unos hombres que con su sacrificio sin recompensa permitieron la envidiable pujanza actual de Linares, ese minero ideal -abstraído de dolores, sin sufrimiento y firme su mirada en el horizonte de lavaderos, cabrias metálicas y de piedra, pozos, fundiciones- sí servía para homenajear a quienes dejaron su juventud, su vida y sus sueños en el fondo de la tierra fría. Porque el minero de Víctor de los Ríos tiene la misma mirada de quienes se marchan de aquí con la satisfacción de haber dejado a sus hijos un futuro mejor, una oportunidad más digna de ser felices.
Fuente: IDEAL JAÉN, Manuel Madrid Delgado. 2 de enero de 2010. http://www.ideal.es/jaen/20100102/linares/alma-pueblo-minero-20100102.html

